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Unas Humanidades con Futuro

enero 15, 2014

La finalidad principal del documento «Unas humanidades con futuro» , promovido por profesores de diferentes disciplinas bajo el amparo del Instituto de Estudios Catalanes y de la Facultad de Teología de Cataluña, es hacer tomar conciencia a la sociedad civil que las carencias funcionales y personales en humanidades debilitan el patrimonio cultural y deterioran el diálogo de nuestra cultura con las demás culturas del mundo.

A continuación presentamos el texto íntegro.

DOCUMENTO

1. Las últimas transformaciones en el mundo de la enseñanza, los vastos procesos culturales de cambio y las convulsiones en la situación económica y política, con el predominio de la lógica del mercado capitalista, son factores que inciden en el cultivo de las que, en los países occidentales, se conocen como «humanidades». Las humanidades han configurado la cultura occidental desde sus inicios (Atenas, Roma, Jerusalén) mediante un vínculo con las ciencias y la técnica, que se manifiesta sobre todo en el Renacimiento y se prolonga hasta la modernidad. Esta se fundamenta en el espíritu crítico y dialogal, la democracia, la tolerancia, el respeto a la ciencia, el pluralismo de creencias y el conocimiento filosófico. Alejarse de las humanidades empobrece y aísla. Occidente ha forjado una visión del mundo en la que la autonomía y la dignidad de la persona y su constitución espiritual están en la base de un sentimiento común.

2. La intensa preocupación, plenamente justificada, de los gobiernos y de la sociedad civil para el fomento de la ciencia, la tecnología y las nuevas formas de transmisión del conocimiento y de la información, ha ido acompañada de una disminución en la atención hacia las humanidades. Igualmente, otros factores, como la pérdida de los grandes relatos históricos y los referentes colectivos, han contribuido a debilitar el cultivo de las humanidades. Las dificultades con que se encuentran las humanidades se inscriben en una crisis más general del saber, también del saber científico, a menudo valorado sólo por sus aplicaciones prácticas y sin que se le relacione con la pregunta por el sentido.

3. La merma de la cultura humanística conlleva el empobrecimiento del pensamiento, la precariedad del discurso ético y la pérdida de la cohesión de nuestra civilización. En este sentido, es urgente salir del analfabetismo funcional y simbólico, que deja grandes huecos en el sistema de referencias personales y colectivas y permite sumisiones y manipulaciones. Hay una recuperación del símbolo, empezando por el lenguaje mismo, en sus horizontes filosófico y religioso, como uno de los signos distintivos de una cultura humanística completa. La cultura humanística es una inversión necesaria.

4. Las humanidades son percibidas como carentes de atracción, como si fueran poco más que un legado arcaico y sin interés. Sin embargo, llevan dentro de ellas la pasión por la belleza y por un mundo más humanizado, libre y feliz. Las humanidades son interesantes y útiles, porque ayudan a la persona humana a examinarse a sí misma ya valorar y admirar lo que recibe de otras personas, porque contribuyen a articular críticamente el propio pensamiento ya expresarlo de manera inteligible, porque discernir y tener criterio es imprescindible para vivir y para orientarse. Sin embargo, recuperar el entusiasmo por todas las creaciones del espíritu humano y restablecer y potenciar la figura del maestro que cultiva y comunica las humanidades con pasión.

5. La educación se ha erigido en un reto crucial en un mundo que tiende al individualismo y la desvinculación de las responsabilidades compartidas. La transmisión del saber y de la sabiduría no puede quedar al margen de la sociedad del conocimiento. Más bien la tecnosfera debe permitir una circulación amplia de la cultura humanística. Igualmente, en los medios de comunicación, las propuestas de tipo humanístico deben encontrar un eco riguroso y de calidad. Las humanidades forman parte del «núcleo duro» de las formas espirituales de vida, más allá del materialismo y el utilitarismo.

Por todo ello, hacemos las siguientes propuestas:
1. Las lenguas y la literatura, la filosofía, la historia y las artes son los pilares fundamentales de la civilización y la cultura. Por ello, es imprescindible garantizar que todo el mundo sepa hablar, leer y escribir correctamente. En relación a Secundaria, los escritores clásicos, griegos y latinos, y los grandes relatos de la Biblia (la antigua «historia sagrada») deben ser referentes culturales que deben encontrar su lugar en el curriculum escolar. Por ello, es necesario impulsar el aprendizaje de las lenguas modernas y de las lenguas clásicas (griego y latín), las cuales deben mantenerse como materias optativas pero no residuales. Por otra parte, en cuanto a la literatura, hay que establecer un canon abierto de autores y de obras que resuma los frutos del conocimiento humanístico que todos deberían de asimilar.En no pocas culturas europeas, emulando la familiaridad de los griegos con Homero, se tiende a promover el conocimiento de los clásicos respectivos durante la Secundaria. Esta tendencia debe ser mantenida en el caso de la cultura catalana, que no debe menospreciar los grandes valores de la literatura universal, entendida como patrimonio de la humanidad.

2. La Universidad debe combinar la especialización con una consideración global de los saberes. La conexión y la transversalidad se hacen, pues, especialmente necesarias. Hay que plantear fórmulas inteligentes que hagan presentes las humanidades en el interior de los currículos de las carreras técnicas. Concretamente, en los currículos escolares y universitarios se ha de encontrar el equilibrio entre las disciplinas técnicas y las humanidades. No se pueden confinar las humanidades a las «carreras de letras”. Las ciencias necesitan las humanidades, y las humanidades no pueden desvincularse de la ciencia.

3. Las humanidades deben procurar establecer alianzas estratégicas con las ciencias, con las tecnologías y con el mundo de la comunicación. La cultura humanística se valdrá de todos los aliados posibles para contribuir eficazmente al espíritu del tiempo. Es conveniente, por ejemplo, que la cultura humanística use las nuevas tecnologías sin abandonar del todo los formatos tradicionales, sino haciendo ver la complementariedad entre tradición e innovación, y buscando la mejor manera de difundir e impulsar lo que es esencial en el mundo del pensamiento: la autoridad de la razón. Las humanidades necesitan una discriminación positiva. En este sentido, sería conveniente fomentar el gusto por la lectura, la escritura y el conocimiento de los clásicos.

4. Los medios de comunicación-como aquellos que utilizan los nuevos códigos comunicativos-son vehículos potentes de difusión cultural, y en último término se han convertido «educadores», sobre todo de las generaciones más jóvenes. La cultura humanística debe entrar en el mundo de la comunicación, y hay receptividad por parte de los medios para que esto sea factible. Las humanidades tendrán futuro en la medida en que sean entendidas como factor de humanización, de responsabilidad moral y cívica y de crecimiento del espíritu humano.

Barcelona, ​​16 de enero de 2013

Salvador Giner, Armand Puig, Rafael Argullol, Agustín Borrell, Victoria Camps, Lluís Font, David Jou, Jordi Llovet, Xavier Morlans, Perico Pastor, Ramon Pla, Francesc Torralba, Mariàngela Vilallonga

El documento original se encuentra en catalán en el siguiente enlace: Unes Humanitats amb Futur

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